sábado, 22 de noviembre de 2008

No tenían que morir











MANUEL MORA MACBEATH
Fotos: Jesús Montoya/Francisco Maceira

Donde termina la carretera de asfalto y comienza un camino empedrado, ahí es Aguas Buenas.
Es un pueblo de Silao, municipio que con el paso de los años se convirtió en el centro neurálgico del comercio exterior en la región gracias a su Puerto de Aduanas.
Como todo pueblo, Aguas Buenas también tiene una historia que contar.
Es una historia de sangre.
Ubicado en las faldas del Cerro del Cubilete -famoso por el monumento a Cristo Rey que lo corona- el pueblo recibe a sus visitantes con un monumento de poco más de 10 metros de altura: son dos columnas paralelas que al centro, en la parte más alta, tiene una cruz.
Se construyó en 1976, en honor a dos jóvenes de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) asesinados a tiros un año antes.
Hoy se cumplen 33 años del doble homicidio… y el crimen sigue impune.
Lorenzo Lira García recuerda el asesinato. Carlos Zepeda Orozco también lo tiene fresco en la memoria.
Cada quien tiene su versión de la historia, y su hipótesis de los asesinatos.
Hace tres décadas, coinciden las versiones, gente extraña se infiltró en la peregrinación de la ACJM a la montaña de Cristo Rey, con la intención de sabotear la marcha.
El hecho es que murieron acribillados a tiros los acejotaemeros Juan Bosco Rosillo Segura y César Fernando Calvillo Silva; la duda es quién los mató.
Hay otra coincidencia en las versiones: los jóvenes no tenían que morir.

MORIR POR LA IGLESIA


(Al principio los nombres de las víctimas fueron publicados incorrectamente, después rectificaron)

En abril de 1976, Pablo Castellanos López -presidente nacional de la ACJM y actualmente catedrático en la Universidad Popular Autónoma de Puebla (UPAEP)- contó en una edición casera su versión.
El día del crimen Juan Bosco y César Fernando viajaban en un volkswagen sedan amarillo en compañía de Isaac Balderas Ceballos, quien por cierto sobrevivió al ataque.
Al pasar por una brecha, como a 350 metros del poblado en dirección al cerro, Juan Bosco detuvo el vehículo: “el paso estaba obstruido por jóvenes, todos de espaldas al coche, que se divertían con el burro que uno de ellos montaba.
"Juan Bosco sencillamente pidió que por favor los dejaran pasar. La respuesta que escucharon fue: ‘cuál compermiso hijos de la…, los vamos a matar”, narra Castellanos.
Armado con una pistola –continúa-, un joven abrió violentamente la portezuela izquierda y golpeó en la cabeza a Juan Bosco. En ese mismo momento Isaac, que iba en el asiento derecho de adelante, brincó hacia el río –que estaba seco- y logró escapar. “Después, a sangre fría, cobardemente, dispararon sobre Juan Bosco Rosillo y César Fernando Calvillo, quien ocupaba el asiento posterior. Los proyectiles, disparados a quemarropa, al cuello y a la cabeza produjeron la muerte a ambos. Apenas y se dieron cuenta de la brutal agresión”, describe.
En su libro Pablo Castellanos sugiere que el crimen se debió a que la marcha fue en honor a Cristo Rey. Odio religioso.


SABOTAJE

Es sábado 15 de noviembre y Lorenzo Lira García está frente al monumento en honor a los jóvenes “asesinados por enemigos de la Iglesia”, según se lee en la deteriorada placa que justifica a la estructura de concreto y acero.
Justo hace 33 años Lorenzo fue enviado por el grupo de ultraderecha “Los Tecos” a reconocer el terreno para preparar el sabotaje de la marcha.
Lo confiesa sin tapujos, pero arrepentido.
Eran las 10 de la mañana de principios de noviembre de 1975, y Lorenzo llegó a Aguas Buenas en un destartalado Dodge que apenas caminaba. Venía de Jalisco, de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), acompañado de Rodrigo Rodríguez.
Tomaron fotos, recorrieron la zona, y en la cima de la montaba platicaron con los lugareños.
De regreso a la UAG, Lorenzo habló con Gonzalo Leaño Reyes –actualmente director del diario Ocho Columnas, de Guadalajara- para entregarle el material y sugerir estrategias: arrojar volantes desde una avioneta señalando para exhibir a la organización de ultraderecha “El Yunque”, sus enemigos en ese entonces.
Pero no fue tomado en cuenta.
Carlos Montes Martínez, jefe de la fuerza de choque de “Los Tecos”, acusó a Lorenzo –Wity, como lo conocían en el grupo- de cobarde.
Los “duros” hicieron a un lado a Lorenzo y armaron la estrategia sin él… del crimen, asegura, se enteró un día después, por los periódicos.
“No tenían que morir”, dice 33 años después.
-¿Quién los mató?
-Los Tecos –responde Lorenzo sin dudar.
Y asegura que Héctor Antonio Fernández Lira, jefe de “Los Tecos” del sector oriente de Guadalajara, se lo presumió en el estacionamiento de la UAG, días después del ataque.
“Mira, ahí está, fueron mis muchachos: el Cheko y el Peredo”, dice Lorenzo que le platicó Héctor, y muestra una foto de los presuntos criminales.

IBAN POR MÍ

Carlos Zepeda Orozco militó en El Yunque en la década de los setenta. Isaac Balderas Ceballos, único sobreviviente al doble crimen, era su chofer y, asegura Carlos, también pertenecía a la cofradía.
En su reciente libro “Decepciona el PAN en Guanajuato” –también de edición casera-, Zepeda lanza una hipótesis del doble asesinato: “¿No sería a mí al que querían matar?”
-¿Quién?
-Agentes de la Secretaría de Gobernación.
“A mí era al que habían exhibido (El Yunque), ellos (las víctimas) iban en un volkswagen similar al que yo tenía y con el que había participado en la primera marcha… y a Isaac lo tenían relacionado conmigo”, explica.
Isaac Balderas no sólo era su chofer, también vivía en su casa, en el barrio del Coecillo.
Y sí, Carlos era un Yunque visible: meses antes organizó a los padres de familia para “secuestrar” libros de texto de las escuelas públicas, siguiendo instrucciones de sus jefes orgánicos.
Gobernación lo tenía fichado.
“A mí la organización (Yunque) nunca me protegió, y más bien desconfió de mí al no informarme de esos hechos. Pero querían que yo sí confiara en ellos; la promesa de que ellos verían por mi seguridad quedaba en entredicho.
“De Isaac: de haberlo visto entusiasmado a este muchacho, no lo volví a ver sonreír. Al poco tiempo él y su hermano (Antonio) dejaron de colaborar conmigo”, cuenta.
Actualmente Carlos Zepeda se planta cada miércoles enfrente de la Presidencia Municipal de León, para denunciar al Yunque.

SIN PISTAS

El 23 de noviembre de 1975, un día después del doble homicidio, la ACJM publicó desplegados en los principales diarios de circulación nacional para denunciar a “Los Tecos” como los autores del crimen.
La policía detuvo a cuatro sospechosos, todos miembros del Yunque, según Carlos Zepeda.
Alejandro Ortega Ramos, Luis Arias Ramos, Hugo Oliveros Ángeles y José Manuel Torres Origel –hermano del senador panista Ricardo Torres Origel- fueron arrestados el 23 de noviembre en León, por llevar en la cajuela de un vehículo a un par de muchachos amordazados y maniatados.
Inicialmente Isaac Balderas, aparentemente bajo tortura, señaló a dos de ellos como los responsables del crimen… después cambió su versión.
Los cuatro detenidos alegaron inocencia, a pesar de los toques eléctricos y demás tratos crueles, pero sí habían cometido un ilícito: privar de su libertad a Julio César García Obeso y Marco Antonio Contreras Salcido, a quienes habían golpeado y metido en la cajuela de un Rambler porque sospechaban que tenían relación con el doble crimen.
Las gestiones de Francisco Javier González Garza –hermano del diputado local del PAN por León, Julio González Garza-, ayudaron a que los cuatro detenidos quedaran libres.
Tanto Francisco Javier como José Antonio Ortega Sánchez –relacionado con la ultraderecha y actualmente presidente de la asociación Seguridad, Justicia y Paz- prometieron ayudar en las investigaciones para detener a los verdaderos responsables… pero sin éxito.
La Procuraduría de Justicia destruyó el expediente en 1984.
Aunque el caso está oficialmente cerrado para las autoridades locales, en 2004 Lorenzo Lira presentó una denuncia en la PGR contra “Cheko y Peredo”, los dos presuntos autores materiales; el abogado coadyuvante en la investigación –que está congelada- es José Antonio Ortega Sánchez, quien recientemente especuló que el Jet en que viajaba el extinto secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, fue derribado por un misil.

1 comentario:

MacBeath dijo...

Bueno si mira mas que nada yo pienso que es muy importante saber que es muy importante la union no mas que nada, basicamente! ^-^