sábado, 25 de octubre de 2008

Vivir en tres siglos...


Manuel Mora MacBeath
Fotos: Guadalupe Becerra

Cuando Jacinta Ramírez dio a luz a María Norberta, en los terrenos de una Hacienda de León, los hermanos Lumière ofrecían en París la primera exhibición de una película cinematográfica.
Era 1895 -las postrimerías del siglo XIX-, y mientras Jacinta y su esposo J. Isabel Rivera festejaban el nacimiento de María, el dramaturgo irlandés Óscar Wilde estrenaba su obra teatral “La importancia de llamarse Ernesto”.
En tres lustros el cine evolucionó a pasos agigantados, la obra de Wilde ganó fama, y en México Francisco I. Madero iniciaba un movimiento armado para derrocar al dictador Porfirio Díaz.
Corría la primera década del siglo XX.
San Juan de Otates es una comunidad agrícola enclavada en los terrenos de una ex Hacienda, al pie de la sierra. En 100 años han cambiado muchas cosas en el pueblo, menos la chispa de vida que irradian los ojos azules de María.
El 5 de junio pasado María Norberta Rivera Ramírez -Nechu, como le dicen sus familiares de cariño- cumplió 113 años. Es la abuelita del pueblo.
Según el último reporte del Consejo Nacional de Población (Conapo), con corte a 2006, en México la esperanza de vida es de 77.2 años para las mujeres, y 72.4 para los hombres.
Nechu ya barrió con las estadísticas oficiales. Es, como dicen sus familiares, “nuestra pieza de museo viviente”.
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Sentada en una silla de ruedas -recién donada por el Club Rotario-, Nechu toma el sol todas las tardes. Se rehúsa a cerrar sus brillantes ojos para siempre, que han visto pasar tres siglos.
Los años han marchitado su piel, pero no sus recuerdos.
Nechu platica de muertos, de pánico, del fuego cruzado entre revolucionarios y soldados del ejército; de cómo los “alzados” se “robaban” a las muchachas del pueblo, pero sobre todo, del hambre.
La Revolución la marcó.
"Nos dejaban sin gallinas, sin puercos… casi ni se comían las cosas, nada más las regaban”, dice Nechu con una voz quebrada, pausada, y a ratos incomprensible por el paso de los años.
"(Pido) A mi madre santísima que ya no haiga eso, murió mucha gente del hambre, criaturas; llevaban los señores que se morían de aquí y de la Laborcita, del hambre se morían, los llevaban en un burro, atravesados como la leña, los llevaban a sepultar al camposanto", platica.
Las arrugas invadieron a María. Su rostro está lleno de surcos, al igual sus manos que ya lucen amoratadas… pero que mueve con destreza para remarcar sus palabras.
“Sufrimos mucho con esa Revolución. Venía el gobierno, era malo, nos dejaban sin tortillas; venían los de acá arriba (revolucionarios que bajaban de la sierra), lo mismo. Venían con hambre”, platica con rabia, como si lo que contara hubiese ocurrido ayer.
María es la hija de en medio de una familia de cinco. Su padre, J. Isabel Rivera, era peón de la Hacienda donde hoy es San Juan de Otates.
Vivían bien. En aquella época, cuenta María, “No había necesidad de andar trabajando, trabajar así como es debido. Nosotros no fuimos ricos ni pobres”.
-¿Y ahorita cómo vive?
-Estamos viviendo nomás, con lo que me quedé; con los que se quedaron me quedé. Todavía no me ha “tocao”.
Nechu es inconsciente de la pobreza en que hoy vive su familia. En su casa, la gente envejece y deja de trabajar.
A Nechu la cuidaba su sobrino Refugio Rivera Luna, que ahora tiene 90 años. Pero ya no puede hacerse cargo de su tía; Cuco camina apoyado de un bastón, y si alguien quiere decirle algo debe gritar: ya casi no escucha, de hecho, Nechu oye más que él.
Cuco es hijo de Candelario Rivera Ramírez, hermano de Nechu. Candelario se hizo cargo de su hermana menor cuando su padre murió; después, cuando sus manos no pudieron labrar más el campo, heredó el trabajo a su hijo Cuco, quien a su vez, imposibilitado por los años, pasó la responsabilidad a su hija Lourdes Rivera Valadez, de 50 años.
Lourdes Rivera no está sola: todos en casa ayudan -en la medida de sus posibilidades- a atender a Nechu.
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Hipólito Rivera Valadez, hermano de Lourdes, es el sostén de la casa. A sus 44 años, mantiene a su longeva familia trabajando como pespuntador en un pequeño taller que tiene en su domicilio.
Nechu no tiene hijos que la ayuden, pues nunca se casó. “Es señorita”, dice Hipólito.
Pero ya tiene dos sobrinos-tataranietos: Cynthia Paloma Álvarez Rivera, de 3 años, y José Miguel Álvarez Rivera, de 9 meses; ambos son hijos de Rosa Angélica Rivera Vargas, de 22 años e hija mayor de Hipólito.
Nadie en la familia puede explicar cómo es que María Norberta ha vivido más de un siglo.
Quizá sea el trabajo, quizá el hecho de que nunca ha enfermado mas que del estómago, pero Nechu ha sido testigo de la transformación de México.
Cuando en 2000 el panista Vicente Fox Quesada rompió con 70 años de hegemonía del PRI al convertirse en el primer presidente de México emanado de un partido de oposición, Nechu cumplía 105 años… y dejaba de caminar.
La noticia sorprendió a su familia, porque apenas 15 años antes Nechu se mantenía firme como un roble; Hipólito mostró una foto de María a los 90 años: aparece de pie, pero a lo mucho se le notan 75 años.
A pesar de tener un siglo, una década y casi un lustro de edad, Nechu conserva intacto el sentido del humor.
-Me hubieran retratado de la derecha, me hubiera parao –dice María al fotógrafo que no deja de oprimir el disparador de la cámara.
“Pregúntele que si no tuvo novio cuando era muchacha”, sugiere Rosa Angélica con una risa burlona.
El reportero obedece.
-¿Cuándo dejé de ser muchacha? –responde Nechu, molesta.¨
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(Nota publicada en a.m. el 29 de septiembre de 2008)

viernes, 24 de octubre de 2008

Nueva Entrada



Me dijo Luis Miguel López un día que por qué no actualizaba mi blog, y yo le dije: ¿y por qué sí?

¿Será que no tengo nada qué decir? Maybe. Así que me puse a pensar qué podía yo decirle al mundo a través del ciberespacio, y sólo se me ocurrió decir que quería unos converse negros.

Así que lo digo con todas sus letras: quiero unos converse negros. Por cierto, soy siete y medio.

Seguro a nadie le importa que yo quiera unos converse negros. Además, difícilmente me dejarían vestir tenis en la chamba... aunque... bueno, habría que intentarlo. Para eso requiero, evidentemente, que alguien me regale un par como el que muestro en la imagen de la esquina superior izquierda -aunque difícilmente alguien podría no conocer los converse-; ¿pretexto para regalarlos? Sencillo: recién cumplí 29 años. Sí, pueden ragalarme los tenis como presente de cumpleaños!!¿Qué les cuesta?

Está bien, yo me los compro. Gracias por nada. Gachos.

Pues listo, ya cumplí: actualicé el blog.

Servido señor.